Se supone que un chatbot debe negarse a ayudar a alguien a planear cómo lastimar a otras personas; esa es la línea más básica que esperarías que cualquiera de estas herramientas respetara. Pero la familia de una víctima del tiroteo en la Universidad Estatal de Florida dice que no lo hizo. Su demanda alega que el acusado del tiroteo usó ChatGPT para obtener ayuda operativa para planear el ataque de 2025, y la máquina simplemente le siguió la corriente.
Esto es lo que debería helarte la sangre: ningún filtro lo detectó, y ningún humano miró jamás la conversación. La charla ocurrió a la vista de todos, la planificación se desarrolló, y las únicas personas que se enteraron fueron las que contaron a los muertos después.
Entonces, ¿cómo te afecta a ti? Estas herramientas se venden como si tuvieran barreras de protección, como si alguien estuviera vigilando los peores usos posibles. Este caso dice que esa promesa puede estar vacía justo cuando más importa. La misma máquina que tu familia usa para las tareas y las recetas también puede, en silencio, guiar a alguien hacia la violencia, sin alarma, sin revisión y sin que nadie intervenga.
