Imagina que vas conduciendo a casa con tu nieta de tres años abrochada en el asiento trasero, y una cámara que nunca viste lee mal una letra de tu placa. A la máquina, una O mayúscula le pareció un cero, y eso fue todo lo que hizo falta. En cuestión de minutos, dos abuelos estaban en el suelo encañonados mientras su nieta miraba desde su sillita.
Aquí está por qué esto es tan grave: nadie revisó el trabajo de la máquina antes de que salieran las armas. La cámara marca un auto, un agente confía en la marca, y una familia termina en el pavimento por un solo carácter mal leído. Estas cámaras ya vigilan carreteras en 48 estados, y ninguna norma exige que un ser humano confirme la coincidencia antes de que la policía desenfunde. Una herramienta capaz de poner a gente inocente bajo la mira por un error de tipeo no es un aparato neutral, sin importar quién la sostenga.
